Archivo para septiembre, 2009

Un espacio común

septiembre 18, 2009 Publicado en Punto de VistaViajes
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La playa al sur de El Valle, en el Chocó, se extiende por casi 8 Km, y sus arenas se precian por estar dentro de las preferidas por las tortugas para desovar. Todas las noches un grupo de voluntarios recorre sus arenas buscando nidos de tortuga, anotando sus medidas y profundidad, cuan compacta queda la arena con que la madre cubre el nido, y su posición con respecto al mar y la jungla. Con estos datos los voluntarios replican un nido artificial con características similares en las zonas de los tortugarios, y los protegen con una red para cuidar de los depredadores a los recién nacidos. Al eclosionar las tortugas quedan entre la malla protectora por unas horas hasta que vuelvan los voluntarios, afianzando así las tortugas recién nacidas sus pasos en la arena, para luego ser llevadas a los estanques donde darán sus primeras brazadas. Este proceso busca darle a la nueva generación de tortugas una mayor probabilidad de sobrevivir en los arriesgados primeros días de sus vidas.

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La jornada del Artemisa

septiembre 15, 2009 Publicado en Punto de VistaViajes
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Madera barata por víveres caros, así es como el Chocó se desangra día tras día. De una sola ojeada uno intuye que los embarques que llegan a Buenaventura provenientes de Chocó fueron bosques enteros que han corrido con la mala suerte de ser talados, cortados y empacado en un carguero. El problema es que hacer llegar esa madera hasta Buenaventura tiene un alto costo, el mismo sobrecosto que se aplica a los cargamentos de víveres que salen rumbo al Chocó.

Para que los trabajadores encargados de cargar los barcos se ganen su jornal, el capitán y su tripulación obtenga su sueldo, el barco tenga gasolina suficiente para ir y volver, las aseguradoras saquen sus beneficios y al puerto le consignen por los permisos, los municipios del Chocó deben pagar la gasolina con un sobreprecio de hasta el 70%, y como cuando sube la gasolina también sube todo lo demás, Chocó tiene que pagar por un tinto casi lo mismo que por una gaseosa de 600ml. Chocó tiene que importar arroz, legumbres y hasta plátano, productos que son esenciales para la comida de los chocoanos.

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Las cosas de mi Buenaventura y Caney

septiembre 14, 2009 Publicado en Viajes
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Por geografía de colegio los colombianos sabemos que el Darién es tal vez la zona con mayor pluviosidad del mundo, así que no es de extrañar que en Buenaventura, por proximidad con el Chocó, esté lloviendo en este preciso instante. El puerto políticamente hace parte del Valle del Cauca, pero cultural, geográfica y meteorológicamente parece parte del Chocó.

Volvía al hotel desde la zona del Piñal, que es el barrio junto al puente del mismo nombre que conecta la isla de Cascajal -la isla donde está Buenaventura- con el continente. Es en esta zona donde se ubican los muelles donde fondean los barcos que se dirigen los martes y jueves, según las circunstancias, al Chocó. El taxi-colectivo en el que viajaba estaba vacío, así que pude hablar con el conductor para que me explicara el sistema de transporte público de la ciudad. Un taxi en Buenaventura puede recoger el cupo completo sin que corresponda al mismo grupo, cada uno le va dando la dirección de destino y el taxista puede optar por una ruta distinta para buscar otros clientes. De esta forma un pasaje en taxi desde el centro al Piñal pasa a costar tan solo una sexta parte de lo que valdría la carrera para un cliente en servicio expreso. La diferencia con los colectivos de otras ciudades de Colombia es que la ruta no es fija, sino que la modifica el conductor. Obviamente hay una mayor demora, pero las distancias en Buenaventura son tan cortas que el tiempo máximo en un colectivo puede ser de 10 minutos.

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Tan solo escucha

septiembre 14, 2009 Publicado en Punto de Vista
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Aquella mañana la había pasado en el malecón de Buenaventura mirando a los niños que, desobedientes, no van a la escuela por saltar al mar tras una moneda. Los había visto saltar de espaldas, haciendo tornillos, de frente, en bomba, en parejas, en tríos, en saltos combinados, en definitiva disfrutando cada salto en medio de las carcajadas que producían sus juegos. De vez en cuando algún turista les tiraba una moneda a ver quién la atrapaba primero. Gerónimo, por ser el menor, no había atrapado ninguna, pero su camiseta en el malecón estaba repleta de billetes; era el que más gestos hacía mientras saltaba así que era el favorito de los turistas.

Un olor a marihuana rondaba el malecón cada tiempo, y algunos turistas huían con algo de temor al notar la presencia de los cannabinómanos, pero otros seguíamos escuchando las historias de aquellos pequeños, seguros de que aquel grupo en el extremo no cometería el error de molestarnos. Aquel espacio les estaba permitido para iniciar su viaje psicotrópico con la condición de no molestar a los turistas; un error podría ser la pérdida de aquel lugar ganado en el constante forcejeo de la sociedad y sus vicios.

Gerónimo contaba que en su familia casi todos eran viciosos, excepto su mamá, y divagaba buscando la respuesta de cuál sería su futuro. No tenía claridad de qué sería de su vida, aun era muy joven para pensar en eso, pero la persona que debería hacerlo por él no lo llevaba a la escuela. Será tal vez pescador, o vendedor, pero si sigue por ese rumbo le será muy difícil alcanzar un trabajo que le represente un ingreso que lo ayude a él y su familia a salir de la pobreza. Gerónimo ni siquiera me seguía en mi elaborado razonamiento, pensando en la felicidad que le daba el billete que le había pasado por dos fotos que le había tomado, y tampoco escuchaba los refuerzos morales que otra turista le explicaba, estaba en otro mundo, en un mundo feliz, el mundo que solo aquellos que no buscan la felicidad encuentran.

Lo gracioso de esta charla -o debo decir más bien del monólogo- con Gerónimo es que el resultado fue todo lo contrario a lo que yo hubiese previsto. En su felicidad pude tener, sin buscarlo, una visión del Tao.

El arruyo del mar

septiembre 13, 2009 Publicado en Punto de VistaViajes
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Así como llegan las lluvias que duran días, también llegan al pacífico los días de cielos despejados y azules aburridos -como describen a los cielos sin nubes los libros de fotografía-. En lo personal no comparto esta postura porque para mi es extraño encontrarme con un cielo totalmente azul, y esta primera mañana en Ladrilleros era tal cual la describen los libros de paraísos azules en el Caribe. Un cielo despejado, de un azul intenso y profundo, acompañado por una pipa de agua de coco que José abrió con una destreza envidiable. El mismo José sería nuestro guía por la zona de manglares.

Caminamos por los senderos pavimentados que han construido los integrantes de Econatal, la fundación que vela por el cuidado del frágil ecosistema de los manglares de Juanchaco, hasta llegar al puerto de las chalupas y la zona de astilleros; José caminó entre las chalupas hasta encontrar una en especial, y bongeó (remar usando una bonga) de vuelta hasta donde esperábamos.

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