Uno de los pilares de la democracia liberal es el acceso a fuentes alternativas de información ajenas al control directo del estado, lo que garantizaría a sus ciudadanos el derecho a la información imparcial. ¿Pero cuál es la lógica detrás de este derecho y cuál es el deber ciudadano respaldado por la existencia de este?
La lógica de la norma tras estos pilares -la libertad de prensa y el derecho a la información- se resuelve en el deber de todo ciudadano de hacer uso en conciencia de su derecho al voto, es decir, que al momento de tomar una decisión tenga todos los elementos de juicio con los cuales elegir en forma crítica dentro de su marco de valores. Por eso la democracia liberal aboga por la libertad de prensa y respalda la existencia de fuentes alternativas de información, a las que se exige objetividad, imparcialidad y el uso de fuentes confiables y veraces. La ética profesional del periodista le impone buscar los diferentes ángulos de la noticia, hablar con los directos implicados y escuchar las voces calificadas que opinan sobre los hechos y acontecimientos en cuestión, y su función como cronistas de nuestra cotidianidad les vale en muchas oportunidades para ocupar el papel de salvaguardas de nuestra memoria colectiva. Esta confianza muchas veces conlleva a que usemos sus criterios como elementos formadores de los nuestros propios, en la certeza de que su trabajo lo hacen a consciencia, con ética y profesionalismo.
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