Lo importante que es tener amigos
febrero 14, 2011 Publicado en Arte Lifestyle Punto de VistaTags: comic
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Como bien dice el adagio popular, «es mejor tener amigos que dinero».
Comic tomado de El Mundo de Quino.
Como bien dice el adagio popular, «es mejor tener amigos que dinero».
Comic tomado de El Mundo de Quino.
— Espera un momento —dijo el profesor MacHugh levantando dos garras tranquilas—. No tenemos que dejarnos llevar por las palabras, por el ruido de las palabras. Pensemos en la Roma imperial, imperiosa, imperativa.
Desde gastados puños de camisa manchados alargó sus brazos declamatorios, haciendo una pausa:
—¿Cuál fue su civilización? Vasta, lo concedo: pero vil. Cloacas: alcantarillas. Los judíos en el desierto y sobre la cima de la montaña decían: Aquí se está bien. Levantemos un altar a Jehová. El romano, como el inglés, que sigue sus pasos, aportó a cada nueva playa donde posaba sus plantas (nunca las posó en nuestras playas[1. Recuérdese que quien dice esto es Irlandés]), su única obsesión cloacal. Envuelto en su toga miraba al rededor de él, y exclamaba: Aquí me parece bien. Construyamos una letrina[2. Una forma muy pintoresca de demostrar su aversión por la cultura romana].
— Eso mismo hacían nuestros antiguos antepasados —dijo Lenehan—, según podemos leerlo en el primer capítulo de Guinnes; tenían verdadera debilidad por el agua corriente.
— Eran los caballeros de la naturaleza —murmuró J. J. O’Molloy—. Pero también tenemos la ley romana.
—Y Poncio Pilatos es su profeta— respondió el profesor MacHugh.
Sin embargo, a pesar de su dura sobriedad y entereza había en él ciertas cualidades que, en ocasiones, parecían predominar sobre el resto. Consciente hasta tal punto que sorprendía en un marinero, y dotado de una profunda respetuosidad natural, la ancha soledad de su vida marítima lo había inclinado fuertemente a la superstición, pero a esa especie de superstición que en cierta organización parece surgir, más de la inteligencia que de la ignorancia. Portentos externos y presentimientos internos tenían que ver con él. Y si a veces estas cosas parecían doblar el bien fundido hierro de su alma, las lejanas remembranzas domésticas de su joven mujer del Cabo y de su hijo, tendían, aún más, a apartarlo de la rudeza natural de su carácter y lo impulsaban más que a cualquier cosa, a esas latentes influencias que, a un hombre de corazón honesto, lo retraen del torrente de la temeridad desorbitada, tan frecuentemente manifiesta en otros, durante las más riesgosas vicisitudes de la pesca. «No quiero en mi barco, decía Starbuck, ningún hombre sin miedo a la ballena.» Con esto, parecía querer decir, no sólo que el valor más seguro y útil es aquel que nace de la buena estimación del peligro enfrentado, sino también, que un hombre extremadamente temerario es un compañero más peligroso que un cobarde.
— Extracto de Moby Dick, de Herman Melville
Comprar, cosas que no valen pa’na’.
Comprar, para olvidarlas en el desván.
Comprar, es un placer excepcional.
Comprar, como me gusta despilfarrar.
Todo el día currando como un cabrón hasta las 10
por un salario de mierda que no me llega a fin de mes;
pero la tele me dice que tengo que consumir.
Acepto con sumo gusto yo me dejo persuadir.
— Ska-P
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