No todos los días uno pierde la noción de la realidad sin desprenderse de ella, o da un paseo por el país de las maravillas estando aún despierto. Así me sentí al caminar bajo la sombra del caucho ubicado a pocos kilómetros de San Marcos (Sucre). Es un espectáculo alucinante. La sombra es tan grande que cuesta creer que la proyecta un solo árbol, los giros de las ramas son tan extraños que uno podría pensar que cambió de parecer mientras crecía en una dirección, y las raíces que cuelgan de las ramas van poco a poco alcanzando el suelo para formar un nuevo tronco con el cual ayudar a sostener y alimentar aquel gigante.

El Árbol, como se le conoce en San Marcos, fue un obsequio de pareja hecho en el año de 1962. La finca donde está el guacarí es aun hoy día propiedad de la señora destinataria del presente, pero quienes viven en la finca aun no habían nacido cuando el árbol fue plantado.

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