Seguimos por lo menos una hora más hasta encontrar un cruce a la izquierda que indicaba la ruta hacia el Cabo, giramos y con solo unos cuantos metros dentro del desierto el paisaje cambió drásticamente. En la vía paralela al tren la vegetación estaba compuesta principalmente por arbustos, pero por donde ahora viajábamos lo más común eran los cactus. Además los caminos eran marcas en el piso que daban aveces vueltas extrañas para bordear un tramo de la que se supone es la vía.

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