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Volviendo del Lethæus

XXVI

But the Consul’s brow was sad,
And the Consul’s speech was low,
And darkly looked he at the wall,
And darkly at the foe.
«Their van will be upon us
Before the bridge goes down;
And if they once may win the bridge,
What hope to save the town?»

XXVII

Then out spake brave Horatius,
The Captain of the Gate:
«To every man upon this earth
Death cometh soon or late.
And how can man die better
Than facing fearful odds,
For the ashes of his fathers,
And the temples of his gods,

XXVIII

And for the tender mother
Who dandled him to rest,
And for the wife who nurses
His baby at her breast,
And for the holy maidens
Who feed the eternal flame,
To save them from false Sextus
That wrought the deed of shame?

XXIX

Haul down the bridge, Sir Consul,
With all the speed ye may;
I, with two more to help me,
Will hold the foe in play.
In yon strait path a thousand
May well be stopped by three.
Now who will stand on either hand,
And keep the bridge with me?»

 XXVI

Pero la frente del Cónsul estaba turbada,
Y su discurso sonó en tonos bajos,
Sombríamente miraba a la pared,
y sombriamente al adversario.
«Su carro estará entre nosotros
Antes de que el puente caiga;
Y si lograran capturar el puente,
¿Qué esperanza salvará la ciudad?»

XXVII

Habló pues el bravo Horacio,
Capitan de la puerta:
A todo hombre de esta tierra tarde o temprano
le llega la muerte
¿y qué mejor muerte puede haber
que enfrentar una suerte adversa
por las cenizas de sus padres
y el templo de sus dioses?

XXVIII

Y por la madre tierna
Quién meciera su descanso,
Y por la mujer que amamanta
Su hijo en su seno,
Y por las doncellas sagradas
Que alimentan la llama eterna,
Para salvarlos del falso Sexto
Quien trajera el hecho de vergüenza?

XXIX

Tire el puente, señor Cónsul,
Tan rápido como podáis;
Yo, y dos más para que me ayuden,
Sostendremos el enemigo en el juego.
En el estrecho de Yon un millar
Bien podrá ser detenido por tres.
Ahora, ¿quién estará de pie en cada mano,
Y mantendrá el puente conmigo?»

— Extracto de Cantos populares de la antigua Roma, del Thomas Macaulay

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Como es arriba es abajo

Una noche se había sentado junto al escritorio, se había separado el flequillo que le cubría la frente, para poder mirarme directamente a los ojos, había puesto las manos en el regazo, como las amas de casa. Nunca se había sentado así, con las piernas separadas, la falda estirada entre ambas rodillas. Pensé que no era una postura demasiado elegante. Pero después miré su rostro, que me pareció más luminoso, tenuemente sonrojado.

La escuché, aunque todavía no supiese por qué, con respeto.

– Pim -me dijo-, no me gusta la forma en que te estás tomando la historia de Manuzio. Antes recopilabas datos como quien recoge conchas.

Ahora parece que te apuntes los números de la lotería.

– Es porque con éstos me divierto más.

– No te diviertes, te apasionas, no es lo mismo. Ten cuidado, porque con éstos puedes llegar a enfermar.

– No exageres también tú. A lo sumo los enfermos son ellos. Uno no se vuelve loco porque trabaje de enfermero en un manicomio.

– Eso habría que probarlo.

– Sabes que siempre he desconfiado de las analogías. Y ahora me encuentro en medio de una fiesta de analogías, una Coney Island, un Primero de Mayo en Moscú, un Año Santo de analogías, veo que algunas son mejores que otras y me pregunto si por azar no existirá alguna explicación.

– Pim -dijo Lia-, he visto tus fichas, porque tengo que volver a ordenarlas. Cualquier descubrimiento que puedan hacer tus diabólicos ya está aquí, fíjate.

Y se daba palmadas en el vientre, en las caderas, en los muslos y en la frente. Así sentada, las piernas tan separadas que le estiraban la falda, de frente, parecía una robusta y lozana nodriza, ella, que era tan esbelta y ágil, porque ahora una sabiduría sosegada la iluminaba de autoridad matriarcal.

– Pim, los arquetipos no existen, sólo existe el cuerpo. Dentro de la barriguita todo es bonito, porque allí crecen los nenes, allí se mete, feliz, tu pajarito, y allí se junta la comida rica y buena, por eso son bonitas e importantes la caverna, la sima, el pasadizo, el subterráneo, incluso el laberinto, que está hecho como nuestras buenas y santas tripas, y cuando alguien debe inventar algo importante dice que procede de allí, porque también tú viniste de allí el día de tu nacimiento, y la fertilidad está siempre en un agujero, donde primero se macera algo y después, sorpresa, un chinito, un dátil, un baobab. Pero arriba es mejor que abajo, porque si te pones cabeza abajo se te sube la sangre a la cabeza, porque los pies apestan y el pelo no tanto, porque es mejor subirse a un árbol para coger los frutos que acabar bajo tierra engordando gusanos, porque es raro que te hagas daño dándote por arriba (tienes que estar en una buhardilla) y en cambio sueles hacértelo por abajo, al caer, y por eso lo alto es angélico y lo bajo diabólico. Pero como también es cierto lo que acabo de decirte sobre mi barriguita, las dos cosas son igualmente ciertas, es bonito lo bajo y lo interior, en un sentido, así como en el otro lo es lo alto y lo exterior, y aquí no cuenta el espíritu de Mercurio y la contradicción universal. El fuego te calienta y el frío te provoca una pulmonía, sobre todo si eres un sabio de hace cuatro mil años, de manera que el fuego tiene virtudes misteriosas, porque también te sirve para guisar un pollo. Pero el frío conserva ese mismo pollo, y el fuego, si lo tocas, te hace salir una ampolla así de grande, de manera que, si piensas en algo que se conserva desde hace milenios, como la sabiduría, tienes que situarla en una montaña, en lo alto (ya sabemos que es bueno), pero en una caverna (que también es buena) y en el frío eterno de las nieves tibetanas (que es buenísimo). Y, si te intriga el hecho de que la sabiduría venga de Oriente y no de los Alpes suizos, has de saber que es porque el cuerpo de tus antepasados, cada mañana, cuando se despertaba aún en la oscuridad, miraba al este esperando que saliese el sol y no lloviese, vaya país1.

– Sí, mamá.

– Claro que sí, niño mío. El sol es bueno porque sienta bien al cuerpo, y porque tiene la buena costumbre de volver a aparecer cada día, por tanto es bueno todo lo que vuelve, y no lo que pasa y se marcha y si te he visto no me acuerdo. La manera más cómoda de regresar por donde se ha pasado ya, sin recorrer dos veces el mismo camino, consiste en moverse en círculo. Y, como el único animal que se aovilla en círculo es la serpiente, por eso hay tantos cultos y mitos de la serpiente, porque es difícil representar el regreso del sol enrollando un hipopótamo. Además, si tienes que hacer una ceremonia para invocar el sol, te conviene moverte en círculo, porque si te mueves en línea recta te alejas de casa y la ceremonia tendría que ser muy breve, sin contar que el círculo es la estructura más cómoda para un rito, y lo saben hasta los saltimbanquis que actúan en las playas porque en círculo todos ven al que está en el centro, mientras que, si toda una tribu se pusiese en línea recta como una hilera de soldados, los de más lejos no verían, y por eso el círculo y el movimiento rotatorio y el regreso cíclico son fundamentales en todo culto y en todo rito.

– Sí, mamá.

– Claro que sí. Y ahora pasemos a los números mágicos que tanto les gustan a tus autores. Uno eres tú que no eres dos, una es la cosita que tienes ahí, y una la que tengo aquí, una es la nariz y uno el corazón, de modo que ya ves cuántas cosas importantes son uno. Y dos son los ojos, las orejas, los agujeros de la nariz, mis senos y tus pelotas, las piernas, los brazos, las nalgas. Tres es más mágico que todos porque nuestro cuerpo lo ignora, no tenemos nada que sea tres cosas, y debería ser un número misteriosísimo, que atribuimos a Dios, dondequiera que vivamos. Pero si te paras a pensar, yo tengo una sola cosita y tú tienes una sola cosita, calla, y no hagas gracias, y si ponemos esas dos cositas juntas sale una nueva cosita y ya somos tres. Pero entonces, ¿se necesita un profesor universitario para descubrir que todos los pueblos tienen estructuras ternarias, trinidades y cosas por el estilo? Mira que las religiones no se hacían con ordenador, era toda gente bien, que follaba como es debido, y todas las estructuras trinitarias no son un misterio, son el relato de lo que haces tú, de lo que hacían ellos. Pero dos brazos y dos piernas dan cuatro, y así resulta que también cuatro es un número bonito, sobre todo si piensas que los animales tienen cuatro patas y que a cuatro patas se mueven los niños pequeños, como sabía la Esfinge. Del cinco ni que hablar, son los dedos de la mano, y con dos manos tienes ese otro número sagrado que es el diez, y por fuerza han de ser diez los mandamientos, porque, si fuesen doce, cuando el cura dice uno, dos, tres y muestra los dedos, al llegar a los dos últimos tendría que pedirle prestada la mano al sacristán. Ahora toma el cuerpo y cuenta todo lo que sobresale del tronco, con brazos, piernas, cabeza y pene, son seis, pero en el caso de la mujer son siete, por eso creo que tus autores nunca se han tomado en serio el seis, salvo como el doble del tres, porque sólo funciona para los machos, que no tienen ningún siete, y cuando ellos mandan prefieren verlo como un número sagrado, olvidando que también mis tetas sobresalen, pero paciencia. Ocho; -Dios mio, no tenemos ningún ocho… no, espera, si el brazo y la pierna no cuentan como uno sino como dos, porque ahí están el codo y la rodilla, tenemos ocho huesos grandes que se bambolean desde el tronco, y si les sumas este último tienes el nueve, que con la cabeza da diez. Pero sin alejarte del cuerpo puedes obtener todos los números que quieras, piensa en los agujeros.

– ¿En los agujeros?

– Si, ¿cuántos agujeros tiene tu cuerpo?

– Pues… -me contaba-. Ojos narices orejas boca culo, suman ocho.

– ¿Ves? Razón de más para que el ocho sea un número bonito. ¡Pero yo tengo nueve! Y con el noveno te traigo al mundo, ¡por eso el nueve es más divino que el ocho! ¿Quieres que te explique otras figuras que se reiteran? ¿Quieres la anatomía de esos menhires que tus autores no se cansan de nombrar? Estamos de pie durante el día y acostados de noche; también tu cosita, no, no me digas lo que hace de noche, el hecho es que trabaja derecha y descansa acostada. De modo que la postura vertical es vida, y está en relación con el sol, y los obeliscos se yerguen hacia arriba como los árboles, mientras que la postura horizontal y la noche son sueño y luego muerte, y todos adoran menhires, pirámides, columnas, mientras que nadie adora balcones y balaustradas. ¿Has oído hablar alguna vez de un culto arcaico de la barandilla sagrada? ¿Ves? Además, tampoco el cuerpo te lo permite, si adoras una piedra vertical, aunque seáis muchos podéis verla todos, pero si adoras algo horizontal sólo lo ven los que están en primera fila y los demás que empujen mientras gritan yo también, yo también, y no es un espectáculo muy apropiado para una ceremonia mágica…

– Pero los ríos…

– Los ríos, no se los adora porque sean horizontales, sino porque tienen agua, y no querrás que te explique la relación entre el agua y el cuerpo… En resumidas cuentas, estamos hechos así, con este cuerpo, todos, y por eso producimos los mismos símbolos a millones de kilómetros de distancia y necesariamente todo se parece, y ahora piensa que a las personas con algo en la cabeza el hornillo del alquimista, todo cerrado y caliente por dentro, les recuerda la barriga de la mamá que fabrica los nenes, sólo tus diabólicos ven a la Virgen que va a parir al niño y piensan que es una alusión al hornillo del alquimista. Así se han pasado miles de años buscando un mensaje, y todo estaba ahí, bastaba con que se miraran en el espejo.

– Tú me dices siempre la verdad. Tú eres mi Yo, que por lo demás es mi Ello visto por Ti. Quiero descubrir todos los arquetipos secretos del cuerpo.

Aquella noche inauguramos la expresión “hacernos unos arquetipos” para referirnos a nuestros momentos de ternura.

Cuando ya me estaba durmiendo, Lia me tocó en un hombro.

– Se me olvidaba -dijo-. Estoy embarazada.

Extracto de El Péndulo de Focault de Umberto Eco

  1. Para referencia geográfica, Lía y Casaubon están en Milán.
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Estúpido buen argumento

Así se hizo grande nuestro país. ¡A punta de pistola! ¡Así se civilizó el Salvaje Oeste!
Y Miami, hoy, es una tierra de pioneros donde debes defenderte de negros, portorriqueños y cubanos. ¡Es lo mismo!

Comic tomado del libro Todo Boogie.

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En nombre de quien no tienen el gusto de conocer

El fin jamás justificará los medios.

Comic tomado de La Legión del Espacio.

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Oceanía, todo para ti

Tamaru trajo una tetera cargada de infusión en una bandeja. La sirvió en dos elegantes tazas y después salió de la habitación y cerró la puerta. La señora y Aomame bebieron tranquilamente la tisana mientras escuchaban la música de Dowland y contemplaban las azaleas del jardín, que habían florecido con una explosión de color. Siempre que iba a aquel lugar, Aomame tenía la impresión de encontrarse en un mundo aparte. El ambiente eras majestuoso y el tiempo fluía de forma especial.

—Al escuchar esta música, de vez en cuando me invade una extraña emoción relativa al tiempo —dijo la anciana, como leyendo la psique de Aomame—. Se dice que hace cuatrocientos años la gente escuchaba la misma música que estamos escuchando ahora. Cuando lo piensa, ¿no tiene una sensación rara?

—Pues sí —contestó Aomame—. Pero, ahora que lo dice, la gente de hace cuatrocientos años también veía la misma Luna que nosotras.

La anciana miró a Aomame un tanto sorprendida. Luego asintió.

—Es cierto. Tienes razón. Viéndolo de esa forma, el hecho de que en un intervalo de cuatrocientos años se escuche la misma música quizá no sea tan extraño.

—Casi la misma Luna, debería decir.

Después de decir eso, Aomame miró a la anciana a la cara. Pero su enunciado1 no pareció despertar ningún interés en ella.

—La interpretación de este cedé está ejecutada con instrumentos antiguos —dijo la anciana—. Utilizaron los mismos instrumentos y la interpretación siguiendo la partitura de aquel entonces. Es decir, parece que la acústica de la música es, más o menos, la misma que la de aquella época. Igual que la Luna.

—Aunque la cosa sea la misma, supongo que la manera de entenderla ha cambiado mucho con respecto a ahora. La oscuridad nocturna de aquel entonces era más profunda y sombría, y la Luna brillaría con más fulgor, más grande. Y ni qué decir tiene que esa gente no disponía ni de discos, ni de casetes, ni de cedés. No podían permitirse escuchar a diario, cuando les viniera en gana, música tan bien ejecutada. Era algo muy especial.

—Efectivamente —reconoció la anciana—. Como vivimos en un mundo tan cómodo, nuestra sensibilidad ha languidecido. Aunque la Luna en el cielo sea la misma, nosotros tal vez veamos algo diferente. Hace cuatro siglos, seguro que hubiéramos poseído un espíritu más rico y próximo a la Naturaleza.

—Pero aquel era un mundo cruel. Más de la mitad de los niños perdían la vida antes de llegar a la edad adulta, a causa de infecciones crónicas y deficiencias nutritivas. La gente iba muriéndose como si nada por la polio, la tuberculosis, la viruela o el sarampión. Entre la plebe, no debía de haber muchos que pasaran los cuarenta años. Las mujeres daban a luz a numerosos niños, a los treinta ya se les caían los dientes y se convertían en abuelas. A menudo, para sobrevivir, la gente tenía que recurrir a la violencia. A los niños se les imponían trabajos penosos que les causaban deformaciones en los huesos, y la prostitución de niñas era algo habitual. Quizá también de niños. Mucha gente vivía al límite, en un mundo ajeno a la sensibilidad y a la riqueza espiritual. Las calles de las ciudades estaban infestadas de discapacitados, mendigos y delincuentes. Los que podían sentir emociones profundas, contemplar la Luna, admirar obras de Shakespeare y escuchar la bella música de Dowland seguramente era una pequeña porción de la gente.

La anciana sonrió.

—Eres una mujer realmente interesante.

—Soy una persona del montón. Solo que me gusta leer. Sobre todo, libros de historia —dijo Aomame.

—A mí también me gustan los libros de historia. Me enseñan que, tanto antes como ahora, seguimos siendo básicamente los mismos. Aunque la forma de vestir o de vivir se diferencie un poco, aquello en lo que pensamos y que realizamos apenas cambia. El ser humano, en resumidas cuentas, sólo es un portador de genes, no es más que una vía. Esos genes van pasando de época en época a través de nosotros, como si corrieran en caballos hasta reventarlos. Y no se pueden juzgar en términos de bueno o malo. Podemos tener suerte con ellos o no, pero de eso ellos no saben nada. Nosotros tan sólo somos un medio. Ellos únicamente tienen en cuenta lo que les resulta más eficaz para sí mismos.

—Sin embargo, nosotros sí que nos tenemos que juzgar en términos de bondad o maldad. ¿No le parece?

La anciana asintió.

—En efecto. Tenemos que juzgarnos. Pero los que rigen los fundamentos de nuestra vida son los genes. Naturalmente, ahí se produce una contradicción —dijo la anciana, y sonrió.

La conversación sobe la historia se terminó en ese punto. Ambas bebieron lo que les quedaba de infusión y pasaron al entrenamiento de artes marciales.

— Extracto de 1Q84 de Haruki Murakami

  1. Es prudente mencionar que el mundo que habitaba Aomame en este pasaje era, en cierta forma, diferente al que recordaba, y por ello hacía énfasis en algunas palabras para ver si lograba conseguir información sobre aquellos aspectos que diferían con sus recuerdos. Para el caso particular, trataba de conseguir información sobre la extraña segunda Luna que ahora iluminaba el cielo nocturno.