Condenados a repetirla

marzo 12, 2010 Publicado en Punto de Vista

Uno de los pilares de la democracia liberal es el acceso a fuentes alternativas de información ajenas al control directo del estado, lo que garantizaría a sus ciudadanos el derecho a la información imparcial. ¿Pero cuál es la lógica detrás de este derecho y cuál es el deber ciudadano respaldado por la existencia de este?

La lógica de la norma tras estos pilares -la libertad de prensa y el derecho a la información- se resuelve en el deber de todo ciudadano de hacer uso en conciencia de su derecho al voto, es decir, que al momento de tomar una decisión tenga todos los elementos de juicio con los cuales elegir en forma crítica dentro de su marco de valores. Por eso la democracia liberal aboga por la libertad de prensa y respalda la existencia de fuentes alternativas de información, a las que se exige objetividad, imparcialidad y el uso de fuentes confiables y veraces. La ética profesional del periodista le impone buscar los diferentes ángulos de la noticia, hablar con los directos implicados y escuchar las voces calificadas que opinan sobre los hechos y acontecimientos en cuestión, y su función como cronistas de nuestra cotidianidad les vale en muchas oportunidades para ocupar el papel de salvaguardas de nuestra memoria colectiva. Esta confianza muchas veces conlleva a que usemos sus criterios como elementos formadores de los nuestros propios, en la certeza de que su trabajo lo hacen a consciencia, con ética y profesionalismo.

Es innegable que como mecanismo político tienen el poder para crear y modificar la opinión pública, tanto así que es usual escuchar el sobrenombre de el cuarto poder para referirse al conjunto de empresas que conforman los medios masivos. Su influencia la ejercen a través de sus líneas editoriales o sus columnas de opinión, y en algunos casos -faltos de ética- con la desinformación y el silencio ante noticias importantes que prefieren no publicar. Algunos medios se dedican exclusivamente a las secciones de opinión y emplean la crónica como parte de su trabajo de investigación, otros tan solo dedican una sección a sus editoriales y el resto a la crónica. Sea como sea, al final siempre será función del ciudadano forjar su criterio a partir de la información que va acumulando. Según como lo veo, facilitar la formación de opinión es la principal razón social que tienen la prensa y los medios.

Un ejemplo de esta razón social es facilitar la consulta de los hechos y posibles escándalos en los que ha incurrido todo aquél que busca un cargo de elección popular. La información contenida en sus campañas publicitarias solo canta alabanzas a sus santos nombres, así que es natural que aquellos inmersos en la era de la información hagamos uso de las herramientas con que disponemos para consultar a estos prohombres y su historial público.

Para el caso particular y tratándose de una información local, la fuente directa de consulta es el periódico de la ciudad, La Patria, que aunque criticable en cuanto a la calidad de mucha de su información y de la rigurosidad con que analizan las noticias1, sigue siendo el cronista local. Además siempre me he preciado de ser alguien capaz de separar el grano de la paja por lo que puedo extraer la información relevante de entre la maraña de noticias. Escribí el nombre de mi candidato objeto de estudio en el buscador del portal de La Patria, presioné ENTER, y con sorpresa descubro que no habían noticias de él sino a partir del año en curso.

Sospeché que algo no estaba bien y consulté con otra palabra común a Manizales, y como respuesta el buscador solo retornó las noticias del año 2010. Tal parecía que el buscador había sido configurado para actuar por defecto limitando el año de consulta. Busqué en los lugares comunes y luego en los rincones ocultos del sitio, a la caza del selector de configuración con el que podría ordenar al buscador que cambiara las opciones de consulta. Pasados cinco minutos ya había desistido y la sensación de que algo no estaba bien se hacía cada vez más evidente.

Analizando la situación recordé que La Patria había modificado su portal en línea y la arquitectura sobre la que corría el sitio unos meses atrás, así que me hice el pajaso mental de creer que ya estarían trasladando la información desde su anterior base de datos a la nueva estructura de datos. Imaginé que se estarían esforzando diligentemente para publicar estas noticias antiguas -de momento inaccesible- porque entendían la importancia de esta información para sus lectores. Pero un pensamiento pesismista me invadió  al recordar que estaba hablando de La Patria, un periódico con el que personalmente tengo diferencias de criterio sobre el manejo de la información -hablando como ingeniero de sistemas-, y diferencias esporádicas en cuanto a la forma en que examinan las noticias y sus fuentes -hablando como lector del periódico-.

Alguien me recomendó que fuera al edificio del Banco de La República y consultara en los periódicos del año pasado para hacer el trabajo ciudadano y de voto consciente que me había propuesto hacer. Esa respuesta la habría aceptado en la década de los 80, pera ahora en pleno siglo XXI, ad portas de concluir la primera década2, esa metodología de investigación me es inaceptable. Para eso tenemos Internet, bases de datos relacionales y los periódicos del mundo almacenan su información para consultas posteriores. La información es poder, perderla es una catástrofe.

Escribí al correo de contacto de La Patria mi inquietud, y aun sigo a la espera de una respuesta sobre qué va a pasar con toda esa información de vital importancia para la democracia de mi pueblo blanco. Mientras tanto me golpea la misma pregunta cuando quiero investigar sobre lo que ha acontecido en Manizales, ¿estaremos condenados a repetir la historia por desconocerla? Me es imposible recordar todo lo qué hizo peranito en 2009 mientras fue secretario de XYZ, así que por costumbre acudo a los históricos de los periódicos para salir de dudas. Siento que me condenaron a repetir la historia, ya sea por cuenta de un terrible error de los ingenieros encargados de la información de La Patria, o por una total falta de compromiso social del periódico de casa.

Me voy al Banco de La República a buscar entre los periódicos arrumados del año pasado a ver qué encuentro.

  1. Al respecto tengo algunas historias para narrar, pero la más notoria fue aquella vez en que solicité que cambiaran un término mal empleado en una noticia, explicando el por qué de mis observaciones y abordando las consecuencias sociales que el uso inadecuado de la palabra había ejercido sobre la comunidad cuestionada. Los editores del periódico respondieron que el autor de aquella nota era una persona ética y de principios, y que debíamos mostrar -refiriéndose directamente a la comunidad hacker y a mi- un poco de tolerancia con el autor. Esta respuesta generó una discusión sobre lo que significa ser tolerante y la necesidad de ser críticos con las noticias mal enfocadas, e intolerantes con la desinformación, porque al fin de cuentas su trabajo no es solo informar, sino que están en la obligación ética de informar bien.
  2. Según mi parecer, los siglos y las décadas terminan el último día del año que determina una decena, centena o millar de años, y por eso para mí la primera década del presente siglo terminaría el 31 de diciembre de 2010, y el primer día de la siguiente década sería el 1 de enero de 2011 -el primer día del primer año de la década-. Esta situación se presenta porque el primer año de nuestra era no fue el año cero, sino el año 1, así que en adelante el primer año de cada decena, centena o millar era todo año que contara con un 1 en su campo de unidades en su representación decimal. Lo que pasa es que en aquellos primeros días del calendario gregoriano no existía el concepto de año cero y el formato romano hacía más complejo el proceso de numeración.

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