Riosucio, o la historia de dos parroquias

febrero 27, 2010 Publicado en ArteLifestylePunto de VistaViajes • Ver en Panoramio
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Cuando pregunté por la historia detrás del Carnaval de Riosucio a mis compañeros de plaza no tenía ni la más remota idea de la fuerte cohesión existente entre la historia del pueblo y su carnaval, tanto así que bien podría decirse que tanto pueblo como festividades nacieron el mismo día. Lo interesante es que el aspecto más representativo del carnaval, la figura del Diablo, solo se incluyó hasta mucho tiempo después de haberse celebrado las primeras versiones, motivo por el cual los eruditos en estos aspectos dicen con propiedad que el nombre correcto de las fiestas locales es Carnavales de Riosucio, y no Carnavales del Diablo como ya es costumbre referirse a ellas.

La memoria de estas festividades se remota a los días en que la población aun no era conocida con el nombre de Riosucio, historia plasmada en la extraña característica del centro del pueblo que cuenta con dos plazas y dos iglesias principales separadas una de la otra por apenas un centenar de metros. Riosucio, que aun no se llamaba así, estaba conformado por dos parroquias, lo que más o menos vendría a corresponder con dos barrios en nuestra actual concepción de división administrativa. La parroquia de la parte alta se llamaba San Sebastián y pertenecía a la población de La Montaña, mientras que la de de abajo, llamada de La Candelaria, pertenecía a la población de Quiebralomo. Los núcleos principales de dichas poblaciones no se hallaban en donde hoy se ubica el pueblo, pero con el tiempo los habitantes de uno y otro coincidieron en los predios de lo que hoy es Riosucio.

Supongo que por cuestiones administrativas construyeron una reja que demarcaba y separaba ambas parroquias, y para que hiciera las veces de oficial de aduanas ubicaron un Cristo como portero entre ambas comunidades. Al poco tiempo, y muy seguramente motivados por el bajo desempeñó que hizo en su tiempo como cancerbero, el Cristo fue relevado de su cargo para darle el puesto a una imagen diabólica, muy seguramente apelando a las supersticiones locales. Es extraño que aun con esta señales claras de xenofobia estas dos parroquias compartieran el mismo cementerio, uniendo en la muerte lo que en vida trataban de dividir. Aún con todo esto, la proximidad entre los dos grupos sociales fue creando relaciones entre todos los habitantes de lado y lado de aquella frontera porosa, y para 1847 las dos poblaciones estaban tan integradas que lo lógico fue refundarla en una sola población que decidieron llamar Riosucio. Para celebrar la unificación hicieron la primera festividad de la población coincidiendo con las festividades de Reyes, a principios de enero. Hay quienes dicen que este evento fue el primer Carnaval de Riosucio, pero otros dicen que solo fue hasta 1912 cuando las fiestas se convirtieron en carnaval, y que aun harían falta otros 3 años para que la figura del Diablo tomara su lugar en el centro de las festividades.

Hay que anotar que la unificación de estas dos parroquias no fue un proceso sencillo. Las dos poblaciones fueron fundadas como los puntos más alejados de dos estados distintos, uno era el estado del Cauca, al sur, y el otro era el estado de Antioquia al norte. Eran pueblos habitados por personas de estados muy diferentes. Unificar estas dos parroquias debió ser todo un proceso desde el punto de vista administrativo, y un acontecimiento desde el punto de vista social.

¿Y cómo vino el Diablo a parar en todo esto? Anotemos que uno de los elementos principales de las festividades de Riosucio son los matachines, una costumbre que nació en las cortes europeas que copiaron la vestimenta de la danza Makacha de los indígenas Pijao del Caribe colombiano. Estos atavíos fueron usados como accesorios de tipo bufo en las fiestas de mascaradas en Europa, y luego ya convertidos en vestimenta de bufones y humoristas volvieron a América donde pasaron a ser imágenes burlescas dentro de las festividades locales. Los matachines de Riosucio comenzaron a declamar burlas a la realidad de su sociedad, y mientras fueron pasando los años la iconografía cambió también, la imagen del diablo comenzó a tener preponderancia entre los matachines para lograr una mayor teatralidad en sus declamaciones. Como diría el Belcebú de los libros de Gurdjief, los humanos siempre vamos culpándolo de nuestros infortunios cuando en realidad somos nosotros mismos sus únicos causantes. El diablo del Carnaval de Riosucio es en realidad el demonio que se burla de nuestras desdichas por cuenta de nuestros actos no meditados, aquel que se burla con nosotros de nosotros, no el diablo infernal que va en pos de nuestras almas. El centro del Carnaval de Riosucio es la burla y la bufa a la realidad; ya lo demás vendrá por añadidura. Como diría el antropólogo que me contó estas historias, el diablo del Carnaval de Riosucio es en realidad un pobre diablo, lo que queda demostrado en la forma como lo reciben con venia y pompa al primer día del carnaval, para finalmente despedirlo en una hoguera una vez ha dicho sus palabras de despedida,  en las que por lo general deja en claro que no somos más que unos simples, inconscientes, holgazanes y estúpidos mortales.

Sabiendo el fin que le espera al diablo en Riosucio, supongo que ser un demonio no debe ser para nada halagüeño. Al fin de cuentas la tradición judía dice que lo único que puede hacer el pobre diablo es irle con chismes a Dios.

2 comentarios para “Riosucio, o la historia de dos parroquias”

  1. maria teresa saavedrac dice:

    hola yo estoy interesada en encontrar la historia de Ruben Bayer mi tatarabuelo que nacio en riosusio y no se que posibilidades alla de encontrar su partida de bautismo

  2. carlos arturo sanchez dice:

    solicito si es posible me envien por este medio la partida de bautismo del señor carlos arturo sanchez, quien fue batizado en esta iglesia, pero no recuerdo en que año.

    muchas gracias por su colaboracion.

    carlos arturo sanchez

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