La jornada del Artemisa

septiembre 15, 2009 Publicado en Punto de VistaViajes • Ver en Panoramio
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Madera barata por víveres caros, así es como el Chocó se desangra día tras día. De una sola ojeada uno intuye que los embarques que llegan a Buenaventura provenientes de Chocó fueron bosques enteros que han corrido con la mala suerte de ser talados, cortados y empacado en un carguero. El problema es que hacer llegar esa madera hasta Buenaventura tiene un alto costo, el mismo sobrecosto que se aplica a los cargamentos de víveres que salen rumbo al Chocó.

Para que los trabajadores encargados de cargar los barcos se ganen su jornal, el capitán y su tripulación obtenga su sueldo, el barco tenga gasolina suficiente para ir y volver, las aseguradoras saquen sus beneficios y al puerto le consignen por los permisos, los municipios del Chocó deben pagar la gasolina con un sobreprecio de hasta el 70%, y como cuando sube la gasolina también sube todo lo demás, Chocó tiene que pagar por un tinto casi lo mismo que por una gaseosa de 600ml. Chocó tiene que importar arroz, legumbres y hasta plátano, productos que son esenciales para la comida de los chocoanos.

Los cargadores me contaban lo difícil que era la vida de cargador, y el capitán mencionaba el sueldo que sacaba por dirigir el barco hasta puerto. Al final las cuentas no me daban, era muy poco lo que recibían, pero aun así es suficiente para hacer que la vida en una región llegue al costo tan elevado que se vive en Chocó.

Uno de los hombre que habitaría el Artemisa preguntaba si podía ayudar cargando el barco. Salió de Cali buscando un nuevo horizonte, con la tranquilidad de haber dejado a su familia un ingreso que los acompañará en su ausencia, mientras busca nuevas oportunidades en otras lunas. De momento su meta estaba puesta en Bahía Solano, pero de seguro que seguirá hasta Panamá buscando un trabajo que le represente un ingreso en dólares. Panamá está tan cerca de Chocó que por todas partes se ven gorras con la bandera de la nación Pro Mundi Beneficio.

Al mismo tiempo, en la misma mesa, un latino con nacionalidad norteamericana trataba de comunicarse con su mujer que lo esperaba en Panamá. Decidió viajar a Bahía Solano porque unos amigos panameños lo esperaban en playa Guina para tomarse unos últimos días de vacaciones y volver a Ciudad de Panamá. Los seres humanos entonan canciones muy distintas aunque compartan el mismo rumbo.

Y mientras subían la carga pasó lo que en el pacífico pasa sin avisar. La lluvia llegó con tal fuerza que armó arroyos que no dieron tiempo a desviar antes de anegar los locales de comida que se ubican a la entrada del muelle del Artemisa. Por su parte los cargueros colgaron su ropa de un madero que izaron hasta la parte alta del techo. Los planes del Artemisa habían cambiado, y ahora perderían la marea alta que se necesita para salir del dique seco donde reposaba mientras era cargado. En esta tierra el tiempo es una ilusión. Todos los horarios pueden varias en cuestión de minutos por cuenta del clima.

Doce horas después de la hora inicial de partida el Artemisa salió del dique seco, para continuar su viaje hasta Bahía Solano. Los hombres sobre cubierta jugaban a las cartas, hablaban de lo que les esperaba o lo que dejaban, otros cantaban y algunos se emborrachaban. Todos compartirían la misma suerte mientras habitaran el Artemisa.

Lejos del puerto, la noche se llenó de estrellas, y varios kilómetros mar adentro se veían las luces de otros barcos en alta mar. Alguna de aquellas luces de seguro pertenece a un barco pesquero industrial de otro país que viene a pescar con todos sus papeles en norma y firmados desde Bogotá. En sus redes caerán tortugas que serán devueltas al mar tan malheridas que no durarán el tiempo que la naturaleza les ha asignado. Los habitantes del pacífico colombiano se han dado a la tarea de cuidar las tortugas, pero alguien desde un escritorio de un plumazo ha desatendido estas nobles intenciones.

Avistamos las luces de Bahía Solano cuando eran las 11 de la noche, y con el lento paso que empuja al Artemisa tocamos puerto 22 horas después de iniciar el viaje. Mañana los Chocoanos descargaran su sobrepreciada carga y le entregarán su cargamento de madera al Artemisa. El ciclo volverá a cerrarse.

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