Las cosas de mi Buenaventura y Caney

septiembre 14, 2009 Publicado en Viajes • Ver en Panoramio
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Por geografía de colegio los colombianos sabemos que el Darién es tal vez la zona con mayor pluviosidad del mundo, así que no es de extrañar que en Buenaventura, por proximidad con el Chocó, esté lloviendo en este preciso instante. El puerto políticamente hace parte del Valle del Cauca, pero cultural, geográfica y meteorológicamente parece parte del Chocó.

Volvía al hotel desde la zona del Piñal, que es el barrio junto al puente del mismo nombre que conecta la isla de Cascajal -la isla donde está Buenaventura- con el continente. Es en esta zona donde se ubican los muelles donde fondean los barcos que se dirigen los martes y jueves, según las circunstancias, al Chocó. El taxi-colectivo en el que viajaba estaba vacío, así que pude hablar con el conductor para que me explicara el sistema de transporte público de la ciudad. Un taxi en Buenaventura puede recoger el cupo completo sin que corresponda al mismo grupo, cada uno le va dando la dirección de destino y el taxista puede optar por una ruta distinta para buscar otros clientes. De esta forma un pasaje en taxi desde el centro al Piñal pasa a costar tan solo una sexta parte de lo que valdría la carrera para un cliente en servicio expreso. La diferencia con los colectivos de otras ciudades de Colombia es que la ruta no es fija, sino que la modifica el conductor. Obviamente hay una mayor demora, pero las distancias en Buenaventura son tan cortas que el tiempo máximo en un colectivo puede ser de 10 minutos.

El colectivero -no creo que taxista sea el término correcto- hablaba sobre el mal estado de las vías, los puentes inservibles que construyen en la ciudad y el dinero que entra y sale y nadie ve. En su opinión, muchos de los problemas del puerto se debían a la poca capacidad de respuesta para atender contenedores, en su lenguaje directo dijo que de 100 contenedores que entran tan solo 30 son atendidos, y muestra de ellos es que el dineral producto del narcotrafico que se mencionaba por aquellos días en las noticias, llevaban en las bodegas del puerto varios meses. Los bonaverenses saben lo qué hay que hacer por su ciudad, pero la misma sin-razón común a todos los rincones de Colombia no permite hace lo que se tiene que hacer, y se malgasta el dinero en aquellas obras donde los dirigentes de turno puede obtener una comisión. El dolor de patria es común, y el lamento general reconoce que la culpa es nuestra por no saber aprovechar nuestro poder como sociedad para escoger bien a nuestros dirigentes.

De vuelta en la zona del centro, caminé por el parque Nestor Urbano Tenorio, que es el parque en donde está el faro y que se ubica al lado del muelle turístico. Uno de los vendedores de los kioskos frente al mar me contaba que el proyecto final para aquel malecón era la construcción de una playa artificial para los bonaverenses. Mientras lo escuchaba veía la playa que se formaba con la marea baja y se extendía por varias decenas de metros, dejando a su paso botellas y pedazos de plástico, carcasas de televisores y otras basuras. En Juanchaco había escuchado que el mar es amplio, y no se queda con nada. Buenaventura lo sabe muy bien, porque el mar les retorna todo, incluso la basura que no es de ellos. Supongo que una jornada de limpieza solo serviría por un día, porque con la siguiente marea entraría nueva basura. Que mal tan grande le estamos haciendo al mar.

Desde el faro se puede ver la ciudad en otra perspectiva. El parque toma un aspecto bien interesante, con sus puestos de artesanías, los kioskos de comida junto al mar, el muelle turístico, las personas pescando, los niños jugando y los marihuaneros fumando en el maloecón, y de vez en cuando un barco que se ve entrar a la bahía. En medio del faro una tórtola había hecho su nido y esperaba acurrucada a que no la hubiese visto.

Al volver por la tarde encontré uno de los espectáculos interesantes del pacífico de Colombia. Un atardecer brillante y hermoso cubría la mitad de la panorámica, mientras que la otra mitad estaba cubierta por una tormenta que se veía que pronto llegaría, mientras que del extremo de la tormenta un arcoiris nacía en lo que sería la playa turística de Buenaventura.

De carrera hacia el hotel huyendo de la tormenta me topé con un cuadro sacado de una película de Alfred Hitchcook. Los pájaros ocupaban las líneas eléctricas, arremolinados en torno a una misma esquina, y lo misterioso es que una cuadra más abajo ya no ocupaban las líneas eléctrica. Tal vez esta sea la esquina donde no hace viento.

2 comentarios para “Las cosas de mi Buenaventura y Caney”

  1. Maria Fernanda dice:

    Una rapida y real mirada del Puerto mas rico y paradojicamente mas pober de nuestro hermoso pais; un retrato en miniatura de Colombia.

    Unos de mis suenos ahora que estoy viviendo en el Puerto, es llegar a salvar en algo esta partecita del pacifico con una fundacion donde la poblacion infantil (sobre todo) se vea beneficiada con arte encaminada a la proteccion del medio ambiente, en especial nuestro pacifico.

    Me causo curiosidad la foto del negrito pelao al aire, porque tengo unas silimales de ninos banadose en la espesura de los deshechos.

    Coridial saludo,

    Maria Fernanda.

  2. cristal gaviria dice:

    buenos dias:
    quisiera tener inf sobre las islas q tiene el oceano pacifico aparte de la bocana y ladrilleros y q planes o tarifas sobre el viaje con hospedaje incluido gracias

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