El desierto de la Tatacóa

noviembre 17, 2008 Publicado en Viajes • Ver en Panoramio
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Poco después de las 7 de la mañana viajaba con una botella de agua y una abundante capa de protector solar, bajo un cielo nublado que auguraba un día fresco. Las caminatas por el desierto se deben iniciar lo más pronto posible para concluir antes que el calor del medio día haga insufribles las jornadas.

Desde Villavieja hasta los recorridos turísticos del desierto hay unos 17 Kms de carretera, la mayor parte se hace sobre una vía sin pavimentar que va zigzagueando entre fincas ganaderas que según cuentan los locales antes estaban dedicadas a la agricultura. Pero el cambio climático ha hecho que las tierras que antes servían para el cultivo hoy en día solo sirvan para el pastoreo, y peor aún, a pesar de tratarse de extensiones inmensas de tierra no es posible tener un número significativo de animales porque el agua es tan escasa que en temporadas de calor el abastecimiento disponible en los ‘jagüey’ -así le dicen a los abrevaderos acá- no alcanzarían para un lote numeroso.

Este año la temporada de lluvias se ha prolongado más de lo esperado, y la cantidad de agua que ha caído sobre el desierto ha traído consecuencias. Dos días antes de mi arribo a Villavieja la quebrada Las Lajas había cortando el paso por la carretera que conduce a Neiva, y su caudal era tan fuerte que fue capaz de arrastrar un camión utilitario. Es necesario anotar que sobre la quebrada no hay un puente, y en su lugar un bloque de cemento comunica las dos orillas, por lo que en este caso es la quebrada la que pasa por encima de la carretera. Después de toda creciente estos cruces de la carretera forman estanques donde la gente aprovecha para darse un chapuzón, lo que explica por qué había tanta congestión en la quebrada el día anterior.

Técnicamente hablando el Desierto de la Tatacóa no es un desierto, en realidad se trata de un bosque espinoso seco tropical, lo cual significa que está ubicado en la zona tórrida, que está compuesto por plantas adaptadas para vivir en terrenos con poca agua y que la mayoría de la vegetación tiene espinas. El primer europeo que recorrió la zona fue Gonzalo Jiménez de Quesada; algunos historiadores dicen que su paso por aquellas tierras le costó la vida a algunos de sus hombres, y que la soledad que vivieron en aquellos parajes les confirmaba el nombre que le habían otorgado al lugar: El Valle de las Tristezas.

Posteriormente el desierto fue conocido con el nombre de la serpiente de cascabel que habita la zona, inofensiva según la mayoría de las fuentes que he leído. Por el contrario los habitantes de la región previenen a los turistas sobre la serpiente tatacóa, y dicen que estos reptiles tienen la extraña capacidad de reconocer a los individuos con cáncer. Los guías cuentan historias de personas a quienes nunca mordió una serpiente aunque jugaran con ellas en forma peligrosa y quienes posteriormente serían diagnosticados con cáncer. Estos relatos que se quedan al nivel de leyenda porque no hay fuentes directas con quién corroborar la información. Para desgracia de la tatacóa la gente le atribuyó capacidades curativas y por un solo ejemplar se llegó a pagar hasta U$100 en el mercado negro. En la actualidad su caza está prohibida y la venta de medicamentos que contengan ‘extracto de tatacóa’ están proscritos, permitiéndole un respiro a la especie que se encontraba en peligro de extinción hasta hace poco.

El desierto hace parte del área rural del municipio de Villavieja, población que fue fundada con el nombre de San Juan de Nepomuseno de Neiva, nombre que ha generado algunas especulaciones en cuanto a una posible relación con la capital del departamento. Para algunos Villavieja sería el primer emplazamiento de Neiva, pero aun no hay pruebas de esta relación entre las dos poblaciones aparte del nombre.

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Un comentario para “El desierto de la Tatacóa”

  1. Isa dice:

    Hola Sebas, apenas hasta ahora leyendo sobre tu viaje, he realizado la lectura de corrido para hacerme a la idea de las ruta y conectar detalles. Es maravilloso todo lo que narras… gracias por compartir, como siempre!

    Te cuento que siento que tengo que visitar este lugar, mi interior resuena con ese signo.

    Recibe un abrazo!

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