Montevideo

abril 19, 2007 Publicado en Viajes • Ver en Panoramio
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Montevideo es una ciudad de arquitectura, clima, ordenación de transporte, plazas, calles y detalles muy similares a Buenos Aires, pero con diferencias muy marcadas. La política de Uruguay hoy en día es fortalecer el turismo y por ejemplo el día que llegué a pesar de estar en temporada baja tenía 3 diferentes congresos y un encuentro internacional y por lo tanto la ciudad está llena de turistas, claro que la meca turística de Uruguay es Punta del Este y como los mismos nacionales dicen «es otro país, no parece Uruguay».

La primera plaza que encuentro es la Cagancha -no pregunten cómo me aprendí el nombre- en donde está una estatua a la libertad. En la mañana aun no han recogido las hojas que han caído de los árboles, formando un paisaje otoñal en las calles. Mientras camino por la avenida 19 de Julio voy encontrando un elemento que se repite cada caneca de basura y es el ripio de la hierba de mate que las personas dejan del día anterior. Al sentarme en la plaza Fabini fue notoria la cantidad de gente que consume mate en la ciudad. La estatua es al parecer uno de los trabajos preferidos de los profesores de dibujo, estaba atestada de estudiantes dibujando los contornos de la escultura.

Siguiendo por la avenida está la plaza de la independencia donde están dos iconos de la ciudad, el teatro Solís a un costado y la Puerta de la Ciudadela. Si bien la ciudad vieja es agradable de visitar no tiene el encanto que tiene Colonia. En todo el recorrido de la ciudadela puedes encontrar artesanos ofreciendo sus productos y pordioseros pidiendo una moneda, era aterradora la cantidad de personas desposeídas que caminaban por la ciudad pidiendo una limosna, si bien en Buenos Aires se ven muchos durmiendo en la calles no he tenido que lidiar mucho al momento de pedir una moneda pero en Montevideo era algo rutinario. La plaza Matriz está en la ciudadela vieja y a uno de sus costados hay un McDonald’s, en realidad en toda esquina hay un local de hamburguesas. A unas cuadras de ahí está la plaza Zabala en honor al fundador de la ciudad, la plaza está diagonal al trazado de la ciudad y le da un ángulo extraño a las calles que llegan a ella. Todo el recorrido que describo desde la puerta de la ciudadela hasta la plaza Zabala se hace por una vía peatonal.

Tuve oportunidad de hablar con un uruguayo que había estudiado en la escuela pública Colombia, según me contó las escuelas públicas tienen nombre de países latinoamericanos y en ellas se les enseña a los estudiantes el himno del país, y se sabía el himno de Colombia. También me hizo algunas recomendaciones de seguridad pues decía que en gobiernos pasados la economía había decaído mucho pero que el actual estaba haciendo un gran esfuerzo por recuperar al país.

Desde ese punto viré a mano izquierda para llegar rápido a las ramblas y caminar así la punta que tiene Montevideo sobre el Río de la Plata, recorrí la Rambla Francia y vi a la gente hacer deporte y pescar en las escolleras, había un poste que indicaba 500mts y más adelante una construcción que aparentaba ser un antiguo faro. Al seguir sobre la rambla se llega a la escollera Sarandi donde estaban reunidos para pescar, se me había olvidado comentar pero al matero y al termo los seguía viendo en todas partes.

Un poco más adelante está la zona del puerto a la cual no pude entrar por tener paso restringido, así que no insistí mucho. Con un pasaje del Buquebus habría podido entrar pero no pensaba hacer todo ese trabajo para visitar el puerto. Justo al frente de la entrada principal del puerto está el Mercado del Puerto, se los recomiendo, es hermoso, según dicen antes fue un terminal de ferrocarril pero otras personas dicen que fue un mercado de verduras. Actualmente está lleno de restaurantes con las comidas típicas del Uruguay, es decir, con carne, que es igual de sabrosa que en Argentina. Según vi la carne de Uruguay se vende al vacío y ya cortada en trozos para preparar, debo ver en Buenos Aires si así se vende también. De postre probé el Paysandú que está preparado con algo que yo describiría como ‘suspiros’ con crema de leche, riquísimo. Las personas que me atendieron en la parrilla fueron muy atentos, y pude entablar conversación con ellos, lo cual me lleva de nuevo a pensar ¿por que no he podido hacer lo mismo con los porteños?

Alguien me contó que si bien en Bueno Aires la influencia es italiana y española, las colonias que más se hicieron presentes fueron las italianas, en cambio en Uruguay las que más se hicieron presentes fueron las españolas. El Río de La Plata fue un polo de inmigrantes a principios del siglo pasado y en el periodo de guerras, sin embargo Buenos Aires recibió un gran impulso y creció como una metrópolis mientras que Uruguay se ha quedado estancado, con una población constante de 3’000.000 de habitantes desde hace 45 años, de los cuales 1.5 millones viven en Montevideo. Actualmente el país es de emigrantes y la sociedad tiene 2 generaciones perdidas. Uno de los destinos más comunes del Uruguayo es Sao Paulo y es tal la relación entre Uruguay y Brasil que los mismos orientales dicen que «Uruguay es un barrio de Sao Paulo». Una de las razones para que la gente emigre es la falta de oportunidades, un problema que también tenemos en Colombia, y eso hace que se genere un clima de descomposición social muy notorio. El país se llama Uruguay por el río del mismo nombre, y es posible que se llamen orientales por estar al oriente del río, no lo se y nadie pudo darme una explicación al por qué del título de «República Oriental del Uruguay».

Por la tarde fui a un almacén de productos en cuero pues dicen que los uruguayos son los mejores en esas artes, espero que a mi abuelo le guste lo que le compré. De ahí fui a Tres Cruces para comprar el boleto de vuelta a Buenos Aires, directamente por Buquebus para hacer el viaje en Bus hasta Colonia y en ferry hasta Argentina.

Ya después de comprar el tiquete fui a la playa Ramirez para ver la ciudad por la noche, en esta playa encontré un poste que decía 4500mts, así que entendí que era el poste que decía 500mts en la rambla Francia. Vi mucha gente trotar en la noche de un lado a otro, niños jugando en la playa y una ciudad entredormida a la orilla del mar. Por primera vez en mucho tiempo pude ver al cielo y ver por lo menos una estrella. Fue un cielo totalmente ajeno, no reconocí ninguna constelación, así que el cuento de las estrellas no sabría como contarlo a una mina (así se le dice a las mujeres en Argentina y Uruguay) para caerle. Fue un momento mágico escuchar a la gente, ver la ciudad, el cielo y el río que como mar se extendía casi ilimitadamente.

Desde ahí fui a un pub que está en la plaza matriz a tomar unas cervezas y comer algo de pasta, escuchar algo de música y meditar un poco en lo que es esta mixtura extraña que se llama latinoamérica. Mientras meditaba decidí pedir algo de comer así que ordené un sandwiche de queso y me trajeron algo que parecía a un sándwich al revés, el pan adentro y el queso afuera.

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