Rafting en el río Fonce

mayo 21, 2008 Publicado en Viajes • Ver en Panoramio
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Las oficinas de los guías de rafting quedan al lado del parque del Gallineral, muy cerca al lugar donde desembarcan los que terminan la jornada de descenso por el río. Pero el lugar de embarco queda río arriba a 15 minutos en carro, así que es común ver los microbuses que salen del malecón arrastrando las balsas o rafts, con grupos de entre 4 y 7 personas.

Al llegar al embarcadero el guía hace las recomendaciones de seguridad. Explica la forma en que ha de sentarse uno en el raft, a borde del bote con el pie que está detrás haciendo presión con el talón en la esquina entre el borde del raft y el inflable, y con el pie que está delante bajo el otro inflable o, si se está en la punta, usando una lona que hace las veces de calapié; esta posición permite tener siempre un punto de apoyo en el bote y evitar ser expelido.

El remo tiene una punta en forma de T por donde se debe asir, y cuando no se está remando se debe apoyar sobre las piernas, siempre tomando la punta en T y dejando la parte plana del remo hacia afuera, evitando así posibles accidentes. Todos deben remar con la misma frecuencia para que no se entrechoquen los remos, y el ritmo lo deben imponer los que están adelante. También explica las órdenes para manejar el raft, y que son simplemente comandos para remar hacia adelante, hacia atrás o para sacar el remo del agua y apoyarlo en las piernas.

La última parte de la explicación correspondía al protocolo para sacar a alguien del agua, primero ‘anclando’ el remo en la lona, luego colocándose en el piso del raft y apoyando las rodillas contra los inflables, asegurar el remo de la persona que está en el agua y luego halar por los hombros del chaleco salvavidas hasta que esté fuera del río. En caso de ser uno quien cae al agua deberá ponerse boca arriba con los pies en la dirección de la corriente, sosteniendo el remo paralelo al cuerpo, y cuando esté cerca del bote apuntar con la T hacia el integrante del grupo que esté más cerca para ser halado, luego tomar la línea de vida, también llamada línea de gallina, entregar el remo y esperar a que lo suban al bote. En caso de vuelco se pueden usar las zonas entre los inflables como campana de aire, pero lo más rápido posible se debe salir a tomar la línea de vida. Luego cuando lo indique el guía todos deberán ir a las puntas del bote para que pueda darle vuelta.

Ya con la explicación técnica pasamos a embarcarnos en el raft, hacemos unas pruebas de grupo sobre las ordenes para remar, probamos órdenes trocadas para cada lado del raft con lo que se consigue hacer girar el bote, y una vez hemos completado la iniciación el instructor nos lanza agua del río para bautizarnos en nombre del Fonce.

El guía comentó que encontraríamos diferentes tipos de rápidos en el recorrido, desde el tipo III hasta el IV, y en ocasiones cuando el río está crecido, como era el caso, se podrían ver algunos de tipo V. También contaba que en su niñez bajaba el río montado en neumáticos, esos sí eran juegos extremos. De un momento a otro dio la orden de remar con fuerza hacia adelante porque comenzaban los rápidos de tipo III. Aveces cabalgábamos sobre las olas y solo tenía tiempo en pensar en remar, aunque mi punta se levantaba tanto que el río quedaba abajo y terminaba remando en el aire. Después de estos primeros rápidos, los que estábamos en la punta ya habíamos aprendido a sincronizarnos para remar en conjunto, y los demás habían aprendido a seguirnos el paso. Llegamos a un lugar de aguas calmadas donde podíamos saltar al río y nadar con la corriente; a este tipo de sitios se les conoce como pozetas. La mitad de los integrantes del grupo saltaron al agua para nadar en el río, yo decidí quedarme arriba para hacer el ejercicio de salvamento. Mientras tanto el guía contaba que las primeras experiencias de rafting las había vivido hacía 12 años con un grupo de costaricenses que vino a San Gil para enseñar las técnicas del deporte.

Una vez todos estábamos de nuevo arriba en el raft entramos en una nueva zona de rápidos. Cuando pasamos esta primera etapa el guía nos pidió que nos hiciéramos todos en la parte de atrás del bote para tomar los rápidos haciendo canguros, que es la maniobra en la cual la punta del raft se levanta a mas de 45 grados.

Luego de los canguros tomamos nuevamente nuestras posiciones y entramos a una nueva serie de rápidos, en donde aveces la punta se elevaba tanto que no había dónde clavar el remo, y en una de esas maniobras resulté fuera del raft, nadando río abajo. ¡Hombre al agua!, paren los remos y alguien que lo suba al bote. Esta vez fui yo el rescatado. Según dicen caí al agua porque la persona que estaba detrás se apoyó en mí para no caerse, aunque fue tan rápido que no me dí cuenta.

Seguimos haciendo maniobras, esta vez encontramos un lugar en donde se hacía una pequeña pozeta en dónde podíamos remar en contra de la corriente y hacer que la punta se llenara de agua, para luego ser despedidos por el río hacia abajo. Luego obstinados dimos media vuelta, para remar contracorriente y volver a hacer varias veces la misma maniobra. Después seguimos río abajo y volvimos a hacer otro canguro, pero esta vez fue tan fuerte el brinco que la balsa se volcó. Como estábamos en zona de rápidos el guía prefirió subirnos con el raft invertido y seguir así hasta una pozeta. Por la falta de apoyo daba temor remar en esas condiciones y los rápidos se sentían muy movidos, pero fue la parte más estimulante de toda la jornada. Mientras tanto el guía nos fue mostrando las trampas de arena que hay a los lados del río, donde se acumula la arena que baja cuando el río está crecido y desde donde sacan el material para las construcciones de la zona.

Al llegar a la siguiente pozeta nos tiramos todos al río y buscamos las puntas del raft para darle vuelta, pero uno de los integrantes del grupo no logró asirse de la línea de vida y vimos cómo se alejaba del bote, así que apretamos el paso y tratamos de estar en posición en el raft lo antes posible para iniciar el rescate. Mientras tanto el integrante que aun quedaba en el agua había encontrado un lugar entre rocas en dónde esperar a que nosotros estuviéramos listos para sacarlo del agua. Remamos contracorriente esperando que bajara por el río y luego de algunos segundos de forcejeo estábamos de nuevo todos a bordo. Fue el momento más dramático de la jornada y también el más intenso, que sellamos entrechocando los remos en alto como un grito de victoria. Habíamos domado al Fonce.

Ya había pasado más de una hora desde que iniciamos el viaje y estábamos pasando junto a la zona de hoteles campestres. El guía mostraba algunos árboles a borde del río y comentaba que muchos de los pueblos de Santander se construían al rededor de árboles centenarios, y que como ejemplo podía citar la ceiba de la plaza de San Gil que tiene cerca de 900 años.

Justo al pasar cerca de la playa que está en el parque del Gallineral, remamos en dirección al malecón de San Gil. La jornada había terminado, pero la sensación de ir remando en un raft que va saltando sobre los rápidos perduró el resto del día.

Nota: por la naturaleza de la jornada no llevé la cámara conmigo y no tengo fotos propias para publicar. Es posible contratar fotógrafos que se hacen en las zonas de los rápidos, pero por ser temporada baja no estaban disponibles. Las imágenes que acá publico son solo ilustrativas, pero corresponden a jornadas de rafting en el Fonce disponibles en Internet.

Un comentario para “Rafting en el río Fonce”

  1. Julio dice:

    Eso si es una aventura que sabroso es adrenalina pura de paso en una manera de trabajar en equipo y aventurarse desestrezarse y de paso se hace turismo extremo chevere.

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