La realidad dependiente del modelo

agosto 20, 2013 Publicado en ArteLifestylePunto de Vista

El haz de energía permanecía inmóvil, pero los dos terrestres sabían el valor de las apariciones a simple vista. Una desviación en arco de una centésima de milésima de segundo, invisible al ojo humano, era suficiente para apartar el haz de su foco, y convertir centenares de kilómetros cuadrados de la Tierra en incandescentes ruinas.

Y un robot, indiferente al haz, al foco y a la Tierra, a todo menos a su Señor1, era dueño de los mandos.

Las horas pasaron. Los dos hombres seguían mirando en un silencio de hipnosis. La tormenta había cesado.

—Se acabó —dijo Powell con voz incolora.

Donovan había caído en una especie de sopor y Powell lo miraba con envidia. La señal luminosa brillaba una y otra vez, pero ninguno de los dos prestaba atención a ella. Nada tenía importancia. Quizá en el fondo Cutie tuviese razón… y él no era más que un ser inferior con una memoria metódica y una vida que había sobrepasado su propósito.

¡Ojalá fuese así! Cutie estaba ante él.

—No habéis contestado a la señal, de manera que he venido —dijo en voz baja—. No tenéis buen semblante y temo que el término de vuestra existencia no esté lejano. Sin embargo, ¿queréis ver algunas de las anotaciones registradas hoy?

Powell se daba vagamente cuenta de que el robot trataba de mostrarse amistoso, quizá para apagar sus remordimientos, restableciendo a los humanos en el mando de la estación2. Cogió las hojas de papel de la mano que se las tendía y las miró sin verlas.

—Desde luego, es un gran prodigio servir al Señor —dijo Cutie, al parecer satisfecho—. No debéis tomaros a mal que os haya reemplazado.

Powell lanzó un gruñido y siguió recorriendo maquinalmente las hojas de papel hasta que se fijó en una tenue línea roja que cruzaba la hoja.

Miró… y volvió a mirar. Se apoyó con fuerza sobre los puños y se levantó, sin dejar de mirar. Las demás hojas cayeron al suelo, mezcladas.

—¡Mike! ¡Mike! —Sacudió a su amigo furiosamente—. ¡Se mantiene en dirección!

—¿Eh?… ¿Cómo? —preguntó Donovan, volviendo en sí, mirando también con los ojos salidos, la hoja que tenía delante.

—¿Qué ocurre? —preguntó Cutie.

—Te has mantenido en el foco —gritó Powell—. ¿Lo sabías?

—¿Foco? ¿Qué es eso?

—Has mantenido el haz dirigido exactamente a la estación receptora… dentro de una diezmillonésima de segundo de arco.

—¿Qué estación receptora?

—Tierra. La estación receptora es Tierra —balbució Powell—. Has mantenido la dirección del foco.

Cutie giró sobre sus talones, contrariado.

—Es imposible mostrar la menor amabilidad con vosotros. ¡Siempre el mismo fantasma! No he hecho más que mantener todas las esferas en equilibrio de acuerdo con la voluntad del Señor.

Y recogiendo los esparcidos papeles, se retiró secamente; una vez hubo salido, Donovan se volvió hacia Powell y dijo:

—¡Júpiter me confunda!… Bien, ¿y qué hacemos ahora?

—Nada —dijo Powell, cansado—. Nada. Nos ha demostrado que puede dirigir perfectamente la estación. Jamás he visto hacer mejor frente a una tempestad de electrones.

—Pero esto no resuelve nada. Ya has oído lo que ha dicho del Señor. No podemos…

—Mira, Mike, sigue las instrucciones del Señor a través de relojes, esferas, gráficos e instrumentos. Esto es lo que siempre hemos hecho nosotros. En realidad, equivale a negarse a obedecer. La desobediencia es la Segunda Ley. No hacer daño a los humanos es la primera. ¿Cómo podía evitar hacer daño a los humanos sabiéndolo o no? Pues manteniendo el haz de energía estable. Sabe que es capaz de mantenerlo más estable que nosotros, ya que insiste en que es un ser superior, y por esto tiene que mantenernos alejados del cuarto de controles. Si tienes en cuenta las Leyes Robóticas, es inevitable.

—Bien, pero no es ésta la cuestión. No podemos consentir que siga con el sonsonete ese del Señor.

—¿Por qué no?

—Porque ¿quién ha oído jamás decir estas tonterías? ¿Cómo vamos a dejar que siga manteniendo la estación si no cree en la existencia de la Tierra?

—¿Puede dirigir la Estación?

—Sí, pero…

—Entonces, ¿qué más da que crea una cosa que otra?

Powell extendió los brazos con una vaga sonrisa de satisfacción y cayó de espaldas sobre la cama. Estaba dormido.

Powell seguía hablando mientras luchaba por endosarse su ligera chaqueta del espacio.

—Será muy sencillo. Puedes traer nuevos modelos QT uno por uno, los equipas con un conmutador de lanzamiento automático que actúe en el plazo de una semana, como para darles tiempo de aprender… el… el culto del Señor, de boca del mismo Profeta; después los conmutas con otra estación para revitalizarlos. Podemos tener dos QT por…

Donovan levantó su visor de glasita y se rió.

—Cállate y vámonos de aquí. El relevo espera y no estaré tranquilo hasta que sienta la superficie de la Tierra bajo mis pies…, sólo para estar seguro de que realmente existe.

La puerta se abrió mientras estaba hablando y Donovan volvió a cerrar inmediatamente el visor de glasita, volviéndose enojado hacia Cutie.

El robot se acercó a ellos lentamente.

—¿Os vais? —preguntó con una nota de pesar en la voz.

—Vendrán otros en nuestro lugar —respondió Powell.

—Vuestro tiempo de servicio ha terminado y la hora de la disolución ha llegado —dijo Cutie con un suspiro—. Lo esperaba, pero… En fin, la voluntad del Señor debe cumplirse…

—Ahorra tu compasión —saltó Powell, indignado por el tono resignado de Cutie—. Nos vamos a la Tierra, no a la disolución.

—Es mejor que lo creáis así —suspiró nuevamente el robot—. Ahora comprendo la cordura de la ilusión. No quisiera tratar de conmover vuestra fe, aunque pudiese. —Y se marchó, convertido en la imagen de la compasión.

Powell se echó a reír y se dirigió hacia Donovan. Con las maletas cerradas en la mano, se encaminaron hacia la compuerta neumática.

— Extracto de «Yo, Robot» de Isaac Asimov.

  1. El robot se había proclamado a si mismo profeta de la verdad que a partir de su lógica había deducido como explicación de su existencia.
  2. El robot había sido diseñado para administrar la estación espacial, pero aun no estaba certificado para ese trabajo. Los «terrestres» administrarían la estación mientras se avalaba que Cutie estuviera en capacidad de reemplazarlos, pero el robot los había separado de sus funciones al establecer que los humanos estaban menos capacitados para servir al «Señor» que él.

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