Ainpule

marzo 7, 2008 Publicado en Punto de VistaViajes • Ver en Panoramio
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Decidimos visitar el pilón de azúcar después del desayuno, y del hostal nos asignaron un guía wayúu para que nos acompañara. La primera impresión al interactuar con aquel joven de unos 13 años es que no hablaba nada de español, pero aun así sabía perfectamente hacia dónde nos dirigíamos, así que indicaba con tiempo suficiente por dónde debíamos girar. Apenas 5 minutos después de haber salido de la ranchería estábamos llegando a la pedregosas ladera del Pilón de Azúcar. Sobre estas calcinadas lozas de piedra descansan los animales del hades, lagartijas superdesarrolladas que calientan sus cuerpos bajo el sol para mantener su temperatura corporal. Miraban atentas, sospechando de todo movimiento brusco.

La vista desde la parte alta doblega a cualquiera. Sigo buscando las palabras que puedan describir lo que sentí. Todas las moradas filosofales generan en los hombres un recogimiento que intuye la trascendencia de aquellos espacios, tanto así que por regla general las culturas que habitan en sus proximidades les asignan característica sagradas. Uno puede presentir algo especial en el Cabo de la Vela, pero infortunadamente no es fácil encontrar un wayúu que hable español para que traduzca la semiótica que inunda aquel lugar.

En el Cabo de la Vela por estos días se está efectuando el ‘primer entierro’ de una de las matronas de la ranchería. Los velorios wayúu son un momento para socializar entre apüshis (parientes uterinos) y oupayus (parientes sanguíneos), y para repartir los bienes del difunto. Son reuniones importantes en la vida social de los wayúu, tanto que las familias optan por quedar en la ruina en vez de ofender a sus visitantes y no tratarlos como dicta la tradición.

Cuando un wayúu muere se convierte en yoluja, y deambula por la península recogiendo sus pasos. Según las tradiciones wayúu, los yolujas solo pueden ser vistos por los niños y los animales, pero pueden comunicarse a través de los sueños, trayendo consejos. Por eso el mundo onírico tiene tanta importancia para la cultura wayúu, y la interpretación de los sueños puede modificar radicalmente los planes de una persona, hasta el punto de cancelar o sellar un negocio tan solo porque así lo dictan sus sueños.

Cuando han pasado unos años después de la primer inhumación se deberá hacer un segundo entierro. Se exhuman los restos del difunto para ser llevados hacia la urna familiar, donde podrá reposar con sus ancestros, y su espíritu se reunirá con los otros yolujas en Jepira, el lugar donde Maleiwa (léase Mareiwa) espera por las almas de sus hijos. La persona encargada de la exhumación deberá ser una mujer por cuestiones tradicionales, y además tendrá que prepararse psicológicamente para no desmayarse o llorar al momento de hacer la exhumación. El llanto de la persona encargada del rito haría que el yoluja prefiriera quedarse en vez de seguir su camino al más allá. Una vez concluido el proceso, esta mujer deberá pasar en vela por lo menos 24 horas, para que los espíritus no se apoderen de su cuerpo.

Maleiwa es el Dios demiurgo de la cultura wayúu, fue Él quien creó todo lo que existe, les enseñó a dividir el ganado y creó los clanes familiares de los wayúu. Él es quien hace caer la lluvia y da la luz del sol, pero por extraño que suene no existe una retribución obligatoria que deban hacer los wayúu hacia Maleiwa, a diferencia de las religiones abrahámicas que llegan hasta el extremo de declarar como suficiente motivo para el castigo divino el no asistir a los ritos semanales.

Estudiar la mitología de un pueblo siempre da una guía para entender las tradiciones de su sociedad. Para la cultura de la península, Juyakai (el que hace llover, principio masculino) fecunda a Mma (la tierra, principio femenino) expresada en diversas formas a través de Pülowi, entidad que siempre estará atenta a sus hijos y cobrará, incluso con la vida, por el uso de los recursos que ella prodiga. Juyakai es un errante polígamo, como los hombres wayúu, mientras que Mma es única, fija y adscrita a un lugar, como las mujeres wayúu. Por eso la cultura de la península maneja un linaje matriarcal, porque la certeza de pertenecer a un clan se obtiene por relación uterina. Esta característica cultural hace que para un niño wayúu la figura del hermano de su madre (tío materno) asuma las características de la figura paterna, por eso el vocablo alaula, que describe al tío materno, también se emplea para referirse al jefe del clan y aveces para decir viejo en una forma respetuosa.

Cuando un wayúu muere, Juyakai queda en deuda con Mma y deberá indemnizarla, así que lleva la lluvia para fecundarla, por esa razón la muerte implica un ciclo armónico de la vida a través de la muerte. Como las nubes de lluvias generalmente provienen del norte de la Guajira, y específicamente de la zona del Cabo, algunos wayúu han ubicado Jepira en algún lugar en el Cabo de la Vela, y la cueva Ainpule, conocida como Ojo de Agua por los alijunas (vocablo que significa los que no son wayúu y se lee arijuna) sería el lugar donde los yolujas son esperados por Maleiwa para ser llevados hacia Jepira. No existe una mitología unificada sobre Jepira, y esta es apenas una de las tantas versiones que existe, ni los mismos wayúu tienen claras estas historias. Para algunos, Jépira es el Cabo de la Vela, para otros es un lugar al que se llega siguiendo el camino descrito por la vía láctea, otros dicen que al morir se llega a Jepira, otros que a Jepira se llega solo después del segundo entierro y que entre el primer y segundo velorio se deambula por la península.

Mientras estuve contemplando el infinito en el Pilón de Azucar pude presentir algún contacto con la divinidad, y resulta que a escasos metros estaba el lugar desde donde se inicia el viaje al tercer estadío de la vida, en cuya creencia se basan las costumbres y tradiciones wayúu.

Según mi perspectiva, es una falta de respeto con la cultura ancestral wayúu el que una imagen católica esté en el Pilón de Azúcar proyectando su sombra sobre Ainpule. La tolerancia se debe basar en el respeto. Es mucho más sencillo encontrar un ambiente de tolerancia cuando las partes han aprendido a respetar aquellos valores que forman la base cultural y tradicional de cada uno de los individuos que conforman la sociedad. Si los alijunas aprendiéramos a respetar estos valores ancestrales de los wayúu, el pueblo de la península comenzaría a vernos como wayúu (gente) y no como alijunas (animales, desconocidos y enemigos). Creo que es necesario dar un paso importante en ese sentido. Como un acto de desagravio se debería quitar la imagen de la Virgen y poner en su lugar una imagen que represente la sacra realidad de aquel lugar para la cultura wayúu. Además debería tener las narraciones de la cosmogonía Wayúu y las historias sobre Jepira en wayuunaiki, español e inglés, para que los turistas comprendan que están pisando tierra sagrada wayúu, y así conocer los principales elementos de esta cultura.

De igual manera, por reciprocidad, poco a poco los wayúu irán aceptando (que no asimilando, porque su cultura es autosuficiente) las costumbres del hombre occidental en un ambiente de tolerancia, pero como queda dicho solo hasta que aprendamos a respetar sus costumbres podremos iniciar un camino de sana convivencia.

Nota: Este informe lo escribo casi un año después de haber visitado el Pilón de Azucar. Para no perder el hilo narrativo del viaje he decidido usar la misma fecha de la visita, pero el informe original ha sido modificado en su totalidad después de un intercambio de correos con un amigo de la península, y ahora contiene las partes que hacían falta para que sirviera como una verdadera guía para futuros viajes. Muchas Gracias Tony, seguimos buscando la restitución de la sacra realidad de Ainpule.

Un comentario para “Ainpule”

  1. Berna dice:

    LA verdad que muy buena información. Estoy preparando un examen final para la Universidad y recopilando info sobre el segundo entierro Wayúu me encuentro con este sitio. Saludos!

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