Cabo San Juan
Marzo 10, 2008 Publicado en Viajes
Cuando llegué ya todos estaban en la playa frente a la zona de camping. Pasé a saludar y seguí caminando hasta el lugar donde la noche anterior había tomado una foto de la luna sobre las palmeras. Permanecí al borde de la playa sobre las piedras por unos minutos observando las copas de los árboles, los acantilados, las olas y la espuma, y cuando miré hacia la gente encontré a por lo menos 4 mujeres que se habían equivocado de playa, porque si mal no recuerdo la playa nudista queda 10 minutos más adelante. Giré sobre mis talones y volví hacia las rocas que dan contra la otra playa para no incomodarlas con la presencia de una cámara. Después tomé un baño en el mar para dejar las malas energías, si es que aun quedaba alguna.
Para ir al Tayrona hay varias recomendaciones por hacer. Lo primero es llevar solo lo necesario y en mochilas cómodas, si van varios consigan una carpa pues sale más económico, si alguno va a dormir en hamaca debe llevar sleeping o cobija para cubrirse del frío y el viento de la noche, y no se preocupen por el agua porque hay cocos en todas partes y alguien puede abrirles uno. En cuanto a los servicios recuerden que cortan el fluido eléctrico a las 10PM, el agua para bañarse no está disponible en todo momento y las duchas son compartidas y sin privacidad. Hay cobertura de celular pero solo en algunos puntos y la señal es muy baja.
Serían un poco más de las 4 cuando iniciamos el camino de vuelta hasta el carro y como en esta oportunidad no hay que hacer paradas esperábamos que el recorrido rindiera mas que el día anterior.
Encontré una familia que venían con tres niños de entre 5 y 10 años. Uno de los niños estaba cansado, el otro estaba algo insolado y la otra tenía hambre. No creo que sea recomendable viajar con niños tan pequeños al parque.
En el camino saludamos a varios de los turistas extranjeros que estaban acampando en Cabo San Juan y que ahora volvían de la piscina. Reconocí varios de los neohippies que acudieron a la convención que se había programado en los alrededores de mi hamaca la noche anterior.
Un aspecto interesante en todos los viajes que he hecho es que hasta el momento nunca me he topado con personas descorteces. Siempre la gente es amable, y aunque aveces sean oscas, pedantes o fanfarronas, debo decir que nunca me he topado con alguien con quien exista una diferencia tan marcada que sea imposible charlar o compartir. ¿Entonces qué es lo que divide tanto al mundo?
Cuando ya habíamos pasado las playas encontramos un grupo de israelíes y recordé que en la noche anterior uno de los guías en cabo San Juan nos había prevenido de los judíos. En mi corta experiencia con el pueblo elegido de Dios debo decir que no me ha ido muy bien que digamos. La primera impresión fue con el ex-novio de una amiga que la verdad no me cae bien, pero no puedo concluir por eso que los judíos sean odiosos. La segunda fue volviendo de Argentina, donde compartí el mismo avión con unos judíos y cuando llegamos a Bogotá se pusieron eufóricos de estar en Colombia y gritaban, ‘Colombia, coca, marihuana’. Ahora en el Tayrona encontraba un único grupo que no saludó al pasar y que precisamente eran estos circuncisos. ¿Será verdad que son tan odiosos? De momento por mis experiencias los catalogaría como unos bullys que al crecer cambian de actitud ante el mundo.
Después de caminar por 2 horas llegamos al carro. Guardamos las maletas y seguimos hacia Santa Marta. Unos amigos de Manizales nos habían hecho algunas recomendaciones para buscar un hotel, pero tan solo fue necesario detenernos en una calle próxima a la playa en el Rodadero para que de inmediato llegaran a ofrecer apartamentos para alquilar por días, y como éramos 5 en el viaje salía mucho mejor alquilar que pagar por un cuarto.
Acomodarnos fue muy fácil porque era un apartamento con 6 camas. Creo que no me demoré en quedarme dormido, pero es que estaba extenuado por la jornada y además había vivido una epifanía en mitad de la jungla.









