El Pilón de Azucar
Marzo 7, 2008 Publicado en Viajes
Decidimos visitar el pilón de azúcar después del desayuno, y del hostal nos asignaron un guía wayúu para que nos acompañara. La primera impresión al interactuar con aquel joven de unos 13 años es que no hablaba nada de español, pero que sabía perfectamente hacia dónde nos dirigíamos e indicaba con tiempo suficiente por dónde debíamos girar. Apenas 5 minutos después de haber salido de la ranchería estábamos llegando a la ladera del pilón de azúcar.
La vista desde la parte alta doblega a cualquiera. Sigo buscando las palabras que puedan describir lo que sentí. De entre las piedras alzaban las cabezas los animales del hades. Lagartijas superdesarrolladas que tomaban el sol sobre las lozas calientes para mantener su temperatura corporal. Nos miraban atentamente, sospechando de cualquier movimiento brusco que diéramos.
Luego de contemplar el infinito cara a cara bajamos del pilón a la playa dorada, una de las más hermosas que he visitado. Paredes de piedra custodian el camino para bajar a la playa y ofrecen algo de sombra. La arena es amarilla como el desierto y fina al tacto, el mar entre azul y verde se confunde con el azul del cielo, y la paz que se respira es inmensa.
Antes del medio día estábamos de vuelta en la ranchería para almorzar y esperar a que bajara un poco el sol, porque como dicen, en la alta Guajira lo mejor para hacer entre las 11 y las 3 es comer y dormir. La arena resplandecía con tanta fuerza que no cabía duda del calor que estaría haciendo afuera de la enramada. Esta particularidad de la costa explica el comportamiento que entendemos como ‘pereza de los costeños’, su cultura trabaja despacio bajo el sol y toma descansos largos porque no puede ser de otra forma bajo este sol inclemente. Una persona que trabaje a toda prisa en estas condiciones y no se tome con calma las cosas se habrá fundido en cuestión de una semana.















